Bailar con el diablo

Cuando la necesidad te lleva a abrazar la almohada con la luz apagada y llorar, no es soledad. Cuando caminas entre los estantes del supermercado, sin saber qué comprar, únicamente guiado sin rumbo y con el ruido de la gente mientras todas las risas te parecen burlonas, tampoco es soledad. Cuando te entristecen todas las canciones, da lo mismo que suene Dance Monkey y te recuerde a ella bailando, no es soledad. Acéptalo y reconoce que estás acompañado por el diablo, mientras sientes el fuego del infierno bajo tus pies.



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